Contenidos
Lado A
1.- Respiro la luz del sol
2.- Pichanga
3.- Sobras de ayer
4.- Pan de la tarde
5.- Las cosas simples
6.- Dios es solo para algunos
Lado B
1.- Ripio y soledad
2.- 5:30 AM
3.- Descalibraciones
4.- Salvador
5.- Hipnosis
6.- Domingo feliz
Corría el año 2002. La reciente separación de Los Tres marcaba el declive de la fructífera generación de rock chileno de los 90 y comenzaba la búsqueda de los nuevos referentes. Luego de su irrupción con Tierra oscura del sol, un sorprendente disco debut, a veces directo y a veces lisérgico (pero siempre en la línea de las letras abstractas), la prensa especializada empezaba a poner sus ojos en Weichafe y lo que harían en su segundo disco. ¿Se harían cargo de la expectativa y se lanzarían hacia un sonido igual de potente y honesto, pero más amigable y con letras que pudieran identificar a una generación, o se quedarían en el camino que habían empezado a forjar en su predecesor? ¿Podría, por ejemplo, generarse un fenómeno en Chile como el que ocurría por ese entonces con La Renga en Argentina? Weichafe, el “disco rojo”, sería la respuesta. Weichafe es una placa que definitivamente se desmarcó de su predecesora. A través de atmósferas de belleza honesta y callejera (pero de la calle chilena, y específicamente santiaguina), tiene todos los elementos para haberse convertido en un clásico, quizá no un clásico de masas como se esperaba, pero sí para ese pequeño reducto de seguidores que alcanzó a ver en la banda a los bastiones del hard rock chileno de la década pasada. El disco parte con ‘Respiro la luz del sol’, una canción en tono más optimista que lo que venían mostrando en su disco anterior, con protagonismo del bajo de Marcelo Da Venezia, una estructura mucho más amigable y un coro de galería. ‘Pichanga’, la carta de presentación del disco, tuvo amplia rotación en los programas de radio e incluso en MTV, con un excelente video que encarna la vibra callejera y santiaguina del disco, mostrando a la banda tocando por las calles del centro de la capital, en los paraderos de micro y en las veredas, revelando esa explícita intención que siempre tuvo la banda de encarnar en Chile un espíritu similar (no un sonido, en ningún caso) al del rock barrial en Argentina. La canción en sí, un rock de dos minutos y medio totalmente subido de revoluciones, y con una declaración clara: ‘Sobras de ayer’ muestra ese estilo inclasificable que tiene la banda, donde es posible que un mismo tema reúna un riff “a la Come Together” con un coro gutural. Entre medio, toques electrónicos que se inmiscuyen en la canción de manera totalmente natural, casi desapercibida. ‘Pan de la tarde’ sigue una idea similar: riffs con patente Dimebag Darrell, mezclados con guitarras mucho más dulces y optimistas. El punto de quiebre del disco viene con ‘Las cosas simples’, una hermosa balada totalmente inesperada, en clave Violeta Parra (cuando tocar como Violeta Parra aún no era cool), llena de arreglos que llevan un paso más allá tanto a la canción folklórica chilena como a la banda. Con esto, Weichafe nos deja en claro que si bien es una banda de rock, con influencias de afuera, definitivamente no podría ser de otra parte que de Chile. ‘Dios es sólo para algunos’, la canción más triste del disco, relata la historia de una mujer solitaria de una forma tremendamente cruda y aterrizada, mostrando el lado material, real y no metafórico de la tristeza y la soledad. Esto no es ni resaca grunge ni depresión británica. ‘Ripio y soledad’ es un hard rock directo y sin apellido, la canción que probablemente muestra de mejor manera la comunión vocal entre Pierattini y Da Venezia y la sólida base rítmica del “Negro” Hidalgo. Sin duda, una de las mejores del catálogo de la banda. ‘Ñuñork’ es una temprana crítica al “hipster” de hoy en día, con una más de las tantas frases de bronce de este disco: “Qué choro es ser prole, la onda es ser prole…”. Créditos para la excelente intervención de Gonzálo Henríquez, vocalista de González & Los Asistentes: Ya hacia el final del disco, una dupla de canciones que muestran el lado más duro de la banda, ese que hizo que durante mucho tiempo la crítica no especializada los tildara como una banda de metal. ‘Salvador’, es un mazazo en la cabeza que nuevamente muestra los mejores tiempos de la comunión Pierattini- Da Venezia en vocalizaciones. ‘Hipnosis’ es una de las canciones más pesadas de la discografía de Weichafe, con el bajista repitiendo endemoniado: “Lloren por mí, voten por mí, recen por mí, voten por mí…”. Es de esas canciones que uno puede emparentar a primera oída con un trash de la mejor cepa, dejándose llevar por el acelerado tempo de la batería y la gutural voz, pero las pausas entregan ese matiz característico de Weichafe, que hace a la banda muy difícil de clasificar. Es un placer poder escuchar en un mismo disco canciones como ésta y la que le sigue y concluye el disco, ‘Domingo feliz”, que trae todo a la calma nuevamente, evocando paisajes y experiencias propias, cercanas con una hermosa melodía. Esto es Weichafe, una banda que siempre quiso sonar cercana, popular (en el sentido social y no económico del término). El organillero del final es sencillamente perfecto. Un disco sin puntos bajos, creado y destinado para ser un clásico. Sin embargo, sólo logró penetrar en un grupo pequeño, nada comparado con la gran fanaticada que el estilo mantiene en nuestro país. Disponible en vinilo.